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IberTrola

marzo 16, 2013

Imagínate que vas a un bar, te pides una copa, el camarero te la sirve pero te dice que si te la quieres beber, tienes que pagar tu copa y la del último cliente que se ha ido sin pagar. Tú pagas ambas copas. Pero, cuando por fin crees que estás muy cerca de poderte beber tu gintónic, el camarero coge tu copa y vierte todo el contenido al suelo delante de tu cara de estupefacción infinita.

Pues bien, esto es lo que me ha hecho Iberdrola, no con un gintónic sino con uno de los productos que ellos gestionan: el gas.

ibertrola

Explico muy rápido cuál fue la situación: el anterior inquilino del piso donde vivo devolvió una factura cuando ya estaba el contrato a mi nombre. Yo no me mudé al nuevo domicilio hasta un mes después de este cambio de titular, con lo cual nunca llegué a recibir las cartas que supuestamente Iberdrola me envió avisándome de que había un impago que ahora constaba a mi nombre.

Pagué con normalidad la factura del mes siguiente y, de repente, hace 4 días me encontré con que me habían cortado el gas.

Pagué inmediatamente la factura pendiente del anterior inquilino. El mismo día mandé un fax con el justificante de pago tal como los señores de Iberdrola me indicaron. Me dijeron que tenían un plazo máximo de 48h para reanudar el subministro.

Cuatro días después, mi compañero y yo seguimos teniendo que ducharnos agachados con una cazuelita de agua que calentamos por turnos en la cocina. Según nos han dicho en el infame servicio al cliente de Iberdrola, los fines de semana los técnicos que dan de alta subministros NO TRABAJAN. Y el fax, habiéndoles llegado el mismo día del corte de gas por la noche, estuvo dos días reposando sobre el aparato esperando a que alguien se dignara a recogerlo y tramitarlo, cosa que no pasó hasta ayer.

Así que, tras 4 días de mandar y de que me manden a la mierda personas que no conozco por teléfono a cambio de no solucionar nada, puedo afirmar que Iberdrola me está jodiendo la vida.

 

-¡Cariño, la cazuelita está lista!

-¡Voy!

kitdeducha

 

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La estupidez humana

octubre 22, 2011

Como tengo la inmensa suerte de poder coger el metro cada día a las ocho de la mañana para ir trabajar, muchas veces soy testigo de situaciones que muestran lo peor del ser humano. Veo cosas que no os gustaría ver a ninguno de vosotros que vais montados en burro al trabajo, creedme.

El otro día, sin ir más lejos, estaba en la estación de metro de Sagrera. No me preguntéis qué hacía allí porque venía de follar. Normalmente sólo suelo coger la línea amarilla que es la que más me gusta, pero necesitaba coger la azul porque la amarilla no me deja en el curro. Da igual, al grano: el metro olía como el colon de un mapache muerto, supongo, no sé porque nunca he olido a un mapache, ni mucho menos, a su colon. Dejadme. Olía mal, a pedo -me pregunto con qué se ducha la gente por la mañana para ir a trabajar, ¿con pedos?-. Estaba yo inmersa en estos pensamientos cuando se creó esta situación:

Entraron una mujer y su hijo adolescente. Creo -esto no es broma- que el niño tenía un retraso, no estaba bien, no, de verdad, tenía un comportamiento no acorde con su edad. La acción fue la siguiente: el niño entró corriendo en el vagón para poder sentarse y, con la suerte que tienen los tontos, va y encuentra un asiento, y otro al lado. Por supuesto el adolescente se sentó de inmediato y dijo: “mami, mami, mira! siéntate”. Hasta aquí, todo normal, teniendo en cuenta que el niño no estaba bien. Pero en ese momento, se sentó en aquel asiento que el niño había reservado para su madre una chica con un libro en la mano. Tensión.

¿Qué hubierais hecho vosotros de ser la madre? Yo, decirle al niño, “levántate y deja sentar a un anciano” o, en caso de que no hubiera ningún anciano, “da igual”. ¿Y si hubierais sido la chica? Yo no me hubiera sentado. Pero se fueron a juntar el hambre con las ganas de comer. ¿Sabéis qué pasó? Cómo lo vais a saber. Os comento:
Al niño retrasado casi le explota la cabeza, claro, era una situación totalmente fuera de su alcance neuronal. Nunca imaginó que algo así pudiera pasar. Pues bien, la madre le dijo a la chica, ya sentada y con su libro abierto: “Oye, que me iba a sentar yo”. Y la chica, con unos cojonazos como piñas veras y una tranquilidad aplastante, le contestó “lo siento, pero no”. Bajó la mirada y continuó leyendo como si nada. En este punto la madre tuvo un cortocircuito cerebral a la altura del de su hijo tonto, al que ya le empezaba a salir bromera por la boca. Pues bien, la madre, no contenta con la tajante respuesta de la recalcitrante lectora, insistió: “¡pero bueno! ¡Que me estaba guardando el sitio mi hijo!” La chica, alzó otra vez la mirada y dijo: “Lo siento, señora, pero no” y continuó leyendo más ancha que larga. Cuesta de creer pero hubo aún un tercer intento, llevando la incomodidad a un nivel exponencial: “¡Pero bueno! ¡Levántate!” dijo la mujer haciendo alarde de una gran variedad léxica. Sin duda, la respuesta estuvo a la altura y en la línea de las otras respuestas: “No”.
A todo esto, el niño se quedó sentado y empezó a hablar de bollos -por supuesto el niño estaba gordo-, la madre, de pie, indignadísima, buscando las miradas empáticas -que no encontró, por cierto- de los otros hastiados pasajeros y la chica continuó leyendo con sus cojonazos bien pegados al asiento.


Entonces dudé del retraso del hijo. 8 de la mañana. Tócate los huevos.

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Compartir útero

septiembre 24, 2011

Anoche estuve teniendo la típica conversación con mis primos y mi hermana sobre la hipótesis de haber tenido que compartir útero con nuestros respectivos hermanos o hermanas, ya fueran mayores o menores. Llegamos a la conclusión de que a mí, mi hermana pequeña, que es súper cariñosa cuando duerme, me hubiera abrazado muy fuerte con sus largas y musculadas piernas durante los nueve meses y se hubiera comido un 75% de lo que llegara vía placenta, casi impidiéndome sobrevivir, a pesar de mis múltiples intentos de pedir ayuda al médico en las varias sesiones de ecografías.

En este caso queda claro que mejor no haber sido gemelas, mellizas o siamesas. Si mi hermana y yo hubiéramos sido siamesas, con dos cabezas y un cuerpo (yo me lo imagino así, sé que hay otras posibilidades) me imagino a mí misma siendo un sidekick de por vida. Ella intentando llevar una vida seria, estudiando medicina, queriendo formar una familia, y yo allí, solo rematando los chistes, poniendo muecas cuando cuando ella hablara en serio o lamiéndole la oreja mientras come (aunque esto último ya lo hago).

La conversación que os acabo de explicar me hizo pensar en lo difícil -por no decir dantesco- que hubiera sido para Carles Cuní, Gloria Rahola o cualquiera de los cinco hermanos de Pedro J. Ramírez compartir útero con su hermano. Imaginároslo por un momento, al pobre Carles metido en una mierda de bolsa viscosa, muy apretado contra su hermano, desnudos y sin poder hacer nada (“PROU! PROU!”)  ahí durante 9 meses.

Tiene que ser horroroso compartir útero.  Además, que al salir, esas dos personas, joder, a ver qué cara tienen que poner cuando todo el mundo sabe que han estado inevitablemente abrazadas durante 36 semanas seguidas. Qué plan.

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Hay que ser muy rudo

julio 11, 2011

Os escribo desde tierras arduas. La supervivencia no es fácil desde tan hostiles condiciones. El hastío es lo de menos. No exagero si afirmo que en estos momentos mi sangre está infectada por al menos cuatro clases de insectos diferentes; no solo el mosquito común se ha ensañado con mi cuerpo, sino que también he sido atacada por la denominada mosca negra. Cuando me he dado cuenta, regacheras de sangre cubrían mis extremidades, aunque no es el dolor lo que me preocupa, sé que soy fuerte -de hecho, llevo soportando el baile de fiestas de barrio desde hace más de dos horas, es más: está sonando “El Chacachá del tren” ahora mismo y ni tan siquiera me bota el párpado, consigo mantener la mente fría. Pero es duro pensar que tal vez la mosca negra me haya pasado un parásito, que mi sangre esté infectada y al salir el sol me despierte con varios hematomas y me tengan que poner una inyección.

Otros infortunios han querido que realizara mi tarea en esta tierra con dos dificultades añadidas: de momento llevo tres días con los oídos tapados, prácticamente lo oigo todo muy de lejos, cosa que propicia que me encierre en un mundo interior difícilmente llevadero. Cansada y preocupada también por esta situación, anteayer rogué a padre que me propiciara un chiringazo de agua en el oído derecho, con la esperanza de que se destapara de una vez. Desgraciadamente, no fue un chiringazo sino más de diez. Y desgraciadamente también, la intervención no tuvo éxito. Sigo aislada en mis ruiditos internos. El segundo agravante fue sin duda una lesión en el pie derecho: debido a mi delicadeza corporal, el hecho de conducir durante dos horas para llegar a estos intrincados terrenos, resultó en una tendinitis en el talón, cosa que me impide andar con normalidad.

Mañana termina mi misión aquí. La tierra es salada, árida en gran parte, pseudo desierta. Los mosquitos se han hecho fuertes y aquí solo los férreos sobreviven. Me duele pensar que yo no sea de esa especie capaz de sobrevivir en estos lares a pesar de haber nacido en ellos.

Aún así, me reconforta saber que he hecho una buena labor humana. Madre y yo hemos limpiado las ventanas de la casa, hemos jugado a palas juntas por primera vez y yo me he mantenido sonriente y respetuosa en todo momento. Ahora mismo, incluso más que las picaduras, me aflige mi relación con ella: cree que el tema de mis pecas no ha tenido nada que ver con la no aplicación de cremita para el sol por su parte cuando yo era pequeña. Estoy muy preocupada. Ella dice que es genética, pero yo sé que soy la persona con más pecas de toda mi familia. Y ella me da la razón en eso, sin asumir que quizá haberme expuesto al sol durante varios veranos sin protección alguna pueda haber facilitado mi inminente cáncer de piel. Sin embargo, insiste en que vaya al dermatólogo.

Supongo que es más urgente la visita a un especialista por las recientes picaduras sufridas. Pero iré igualmente, por supuesto. No me gusta desobedecer a madre. Así soy yo.

Suena “Demasiado corazón” curiosamente. Parece que esta verbena no va acabar nunca. Me pregunto quién debe estar asistiendo a tal celebración, con la de mosquitos que hay.

Según tengo entendido, mi rescate está planeado para mañana a las 18.15h, hora en que, según está especulado, un conductor de la Hife me devolverá a la civilización. Allí seguramente me asignarán un especialista para que me mire la infección de la mosca negra. Espero no llegar desfigurada. De paso le pediré que me mire las pecas, como requiere madre.

Es obvio que necesito un rescate y así lo he hecho saber a la embajada de Estados Unidos en el Sudán del Sur. Espero poder dar mejores noticias en breve, aunque soy consciente de las posibilidades reales de no supervivencia. Estoy preparada.

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Under the shit of the setting sun

junio 21, 2011

Aviso que esta entrada no hace risa. No es de humor, es sólo para colgar el corto que hicimos, por ponerlo en algún sitio, más que nada. Y como esto es mío (y sobre todo de wordpress) pues aquí lo dejo. Gratis. Miradlo, malditos! Y si no os gusta no me lo digáis, que me pongo de muy mala leche.


Ah! Ah! Y aquí os dejo unos extras… Bueno, made in Sonia Monroy, su escena sin censura. (Este montaje es suyo, no sé si es legal o qué, yo lo he cogido de su canal de youtube, no se lo digáis). Venga, de nada.

 

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Asco y derrota en el baño

junio 10, 2011

Me saltaré el porqué de mi decisión de meter la escobilla dentro del váter de la oficina donde trabajo.

Eran aproximadamente las 12 del mediodía. El problema ha surgido justo cuando la escobilla ha entrado en contacto directo con el agua. Ahí entra en escena la gran protagonista, una CUCARACHA enorme, roja, valiente como yo! No. Mucho más valiente que yo,  qué mierdas. En momentos así tienes que pensar rápido, no hay espacio para la duda. Apenas separadas por la distancia de una triste escobilla de lavabo de color blanco roto, cualquier movimiento en falso y la bestia se podía plantar en cuestión de milésimas en mi mismísima mano, cosa que NO PODÍA DEJAR QUE PASARA. El asco infinito.

Ante tal amenaza he decidido mantener mi posición semi agachada para continuar reteniendo a la cucaracha entre el agua del retrete y la escobilla. Así durante los cinco minutos más largos, asquerosos y denigrantes de mi vida. De poco ha servido mi empeño en derrotar a la representante de la repugnancia, ya que cada vez que levantaba mi corta espada limpia mierdas, ella se enfilaba rápidamente hacia el exterior, hacia mi persona; insolente, desafiante, desvergonzada. En ese momento lo he visto claro: era, efectivamente, INMORTAL.  O respiraba debajo del agua, o se dedicaba profesionalmente a la apnea. Asumiendo que no tenía ninguna opción de ganar esa batalla, que me encontraba ante una especie superior, me he dado por vencida. He sacado, cual nenaza acojonada, cual mariquita en apuros, la escobilla rápidamente del váter (eso sí se me tiene que reconocer, esta jugada la he hecho muy bien, muy rápido, casi sin pensar, que las cosas, cuando se hacen bien, también hay que decirlas) y he cerrado la tapa, encerrándola allí mismo.

Pero, lo peor aún estaba por pasar: he salido a la oficina con la expresión desencajada, con la cara de quien ha sido humillado, vejado y amenazado, y me he dirigido a la secretaria: “hay una cu-cucaracha-cha dentro del retre-trete”. Pero, imaginaos mi espanto cuando ha salido la secretaria y me ha dicho QUE NO HABÍA NINGUNA CUCARACHA. Aquí solo pueden haber pasado dos cosas: a) como puede respirar debajo del agua, se ha ido cloaca adentro y estará dispuesta a salir la próxima vez que ponga mi culo desnudo ahí o b) ha levantado la tapa con sus musculadas patas y, seguramente cuando ya no me acuerde (cosa que tardará en pasar) volverá, con todo su tropel, como hacen los gitanos, a darme de fostias.

De momento yo, esta tarde, no he sido capaz de mear allí, me he bajado al bar de la calle. Si me pasa algo, quiero que todas mis pertenencias se las den a las acampadas de los indignados. Todo.

Modelo cyborg japonés...

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Se nos van los hombros con Love of Lesbian

abril 18, 2011

(Noticia -falsa, claro- que escribí para El Clímaco y que quedó descartada, como todas las posteriores. Así que la cuelgo aquí y a tomar por culo).

Barcelona.-

Al colectivo de modernos barcelonés se le van los hombros con Love of Lesbian

“Y además yo llevaba leggins”

Ayer, tras una revisión médica a más de 150 gafapastas realizada en la clínica Tekno’n’ská de Barcelona se constató que, efectivamente, el colectivo moderno barcelonés sufre una extraña patología al escuchar a la banda de pop-rock Love of Lesbian, sobre todo cuando se trata de su tema Algunas plantas. “Es que no sé, es muy bizarro, pero es sonar el chup-chururu-chup-churururú y ¡mira! ¡Mira! ¿lo ves o no que se me están yendo los hombros ya? Estoy muy preocupado, la verdad. Ayer lloré”, afirma Pol Bujarro, presidente del colectivo gafapasta del barrio de Gracia y moderno convencido, y añade “y a mis amigos les pasa los mismo. A todos. El otro día estábamos en el Helio y cuando sonó la canción parecíamos todos mayorettes, de verdad. Y además yo llevaba leggins”.

Según el informe del doctor que llevó a cabo las revisiones, el dr. Mariano Ventresco los casos más evidentes se dan con el grupo Love of Lesbian, pero se han visto también síntomas con otras bandas musicales de la misma ideología como Manel, Mishima y un tal Jose Crepúsculo”.